Esta es mi historia real sobre miedo, incertidumbre y cómo, incluso en los momentos más difíciles, puede haber un final lleno de vida.

Hola!
Para los que no me conocen, me presento: mi nombre es Katiuska Fernandes. Soy mamá de 4 hijos incluyendo un par de gemelos que apenas acaban de cumplir un año.
Menciono a los gemelos, porque lo que vengo a contarles me pasó durante mi último embarazo, que justamente fue mi embarazo gemelar.
Antes de empezar, quiero aclarar que ante cualquier duda consultes a tu Doctor. No voy a dar ninguna advertencia médica sino que vengo a hablarles sobre mi experiencia y cómo lo viví.
Sinceramente, ésta ha sido una de las situaciones más difíciles que me ha tocado vivir como mamá, jamás imaginé que iba a tener que pasar por no una sino dos transfusiones intrauterinas; es más antes que me pasara ni siquiera pensaba que era un procedimiento médico que fuese posible o existiera.
Para entrar en contexto, en mi caso los bebés necesitaron transfusiones intrauterinas a las 20 semanas de gestación por estar severamente anémicos debido a una infección con Parvovirus.
Los síntomas cuando te infectas de Parvovirus son muy similares a los de la gripe pero en mi caso, los síntomas fueron digamos que “únicos” ya que nunca tuve dichos síntomas. Yo solo sufrí de vomitos (que asocie a los sintomas comunes del embarazo), cansancio extremo que me hizo dormir casi 24 horas seguidas y un malestar general que me duro semanas. Este malestar me hacia sentir que algo no estaba bien conmigo, sentía que me “estaba muriendo” (no en sentido literal) pero fue lo que le expresé al Doctor en consulta para referirme a lo que sentía en aquel momento.
Entre mi ginecologo y yo decidimos hacerme unos exámenes de sangre para determinar las causas de mi malestar, los cuales salieron bien y solo arrojaron que estaba un poco anémica por lo que me recomendó tomar hierro extra diariamente. Sin embargo, los sintomas no mejoraron.
Durante esas pocas semanas que me sentía así, intente seguir con mi vida normal: encargándome de mis hijos, mi hogar y trabajando en un consultorio dental. Aunque muchas veces tuve que excusarme de los pacientes para ir al baño, a veces a vomitar, otras veces a refrescarme la cara con agua fría y otras simplemente para respirar aire fresco.
En Estados Unidos (no se en otros países) un embarazo gemelar es considerado un embarazo de alto riesgo, por lo que aparte de mi ginecólogo tenía citas regulares con un especialista en embarazos múltiples y embarazos de alto riesgo. Y fue justamente durante una cita con ellos, que descubrieron que los bebés estaban anémicos.
Para determinar la anemia en los bebés, durante el eco o ultrasonido verifican la velocidad por la que pasa la sangre en una de las venas o arterias del cerebro, que dentro de los valores normales debería estar entre 1 a 1.5. Cuando este valor está por encima de 1.5 significa que la sangre está muy “líquida” por lo que viaja a una velocidad más rápida. Mientras que un valor menor de 1 significaría que la sangre está muy espesa, por lo que viaja más lentamente.

Después de este descubrimiento me refirieron a otro especialista en cirugías fetales. Cuando me refirieron pensaban que mi diagnóstico era de Twin to Twin Transfusion Syndrome (TTTS): este síndrome se trata cuando, en pocas palabras, uno de los bebés(al tener conexión directa entre ellos por estar en la misma placenta), toma todos los nutrientes del otro bebé. En este caso se dice que hay un bebé receptor (el que toma todos los nutrientes) y un bebé donador (el que deja de recibir los nutrientes esenciales).
Sin embargo, durante el TTTS solo uno de los bebés se pone anémico, el bebé donador, que al darle todos los nutrientes al bebé receptor su sangre se vuelve más ligera causando anemia. Mientras que el bebé receptor, empieza a tener la sangre más “espesa”.
Por su experiencia, la primera opción que pensaron fue infección por Parvovirus pero al preguntarme los síntomas los hizo dudar ya que lo que yo sentía era totalmente diferentes. Aun así me mandaron a hacer un examen de sangre para Parvovirus con mi ginecólogo y volver a la semana siguiente para un chequeo ya que en ese momento los valores de “anemia” eran bajos (1.6) por lo que podía ser una infección o una condición que podría revertirse por si misma.
A principios de la semana siguiente me hice el examen de Parvovirus y al final de la semana fui al especialista, aún esperando los resultados. Pero esta vez la anemia de los bebés había empeorado dramáticamente (2-2.3) por lo que necesitaban intervenir inmediatamente para evitar daños prolongados en los bebés.
Entre una cosa y la otra decidimos hacer una amniocentesis de urgencia para tener los resultados lo más rápido posible y decidir el tratamiento adecuado. Me fui a mi casa a descansar pero recibí una llamada que lo cambió todo: el resultado del exámen de sangre justo había llegado y dió positivo, había que hacer las transfusiones de sangre intrauterinas inmediatamente.
Con el miedo y la incertidumbre, sólo me fui a bañar… y llorar todo lo que no había llorado hasta ese momento.
La transfusiones intrauterinas tienen riesgos per se como cualquier procedimiento médico (muy bajos) pero en mi caso, al sólo tener entre 19-20 semanas de embarazo habían riesgos agregados por el tiempo de gestación.
Entre los riesgos asociados a la transfusión en sí se encuentran: infecciones secundarias, rompimiento de membranas y desencadenamiento de trabajo de parto pretérmino, fallo cardíaco fetal, trombosis del cordón umbilical. En mi caso, estos riesgos aumentaban al ser un embarazo gemelar y al tener tan pocas semanas de gestación.
Al tener un embarazo gemelar, hay que hacer doble procedimiento (que al aumentar las veces que se hace, aumenta el riesgo) y al tener solo 20 semanas de embarazo, si se presentaba el parto, la viabilidad de los bebés era practicamente nula.
Obviamente me llené de miedos incontrolables, como mamá empiezas a pensar todos los escenarios y uno que me rondaba un poco la cabeza era el cómo explicarle a mi hijo mayor (de sólo 5 años en ese momento) que ya no iba a tener dos hermanitos después de lo emocionado que estaba.
El otro escenario era de cómo iba yo poder sobrellevar si algo “malo” pasaba. Lloré, lloré mucho. Me estresé más de lo imaginado pensando situaciones inciertas que aunque eran poco probables, en mi cabeza, se veían como la única opción. Esa es la respuesta al trauma, no sueles ver más allá, piensas que lo “malo” es la única opción cuando realmente no es así.
Llegué a quirófano llena de miedo, despierta y rezando que todo saliera bien durante todo el procedimiento. Cuando me dijeron que ya habían logrado la transfusión del primer bebé “¡Uf! Que alivio” pero la incertidumbre seguía ya que todavía faltaba uno, y el riesgo era el mismo.

Todo el procedimiento quirúrgico terminó y el alivio que sentí fue grande. Pero no todo había terminado ahí. Por el estado de gravedad de la anemia de los bebés, había que hacer un segundo procedimiento, una segunda transfusión, dos días después para garantizar la recuperación rápida.
Ahí fue cuando me quebré más, ver que los niveles de anemia habían bajado me aliviaba, pero saber que necesitaba otra transfusión donde los riesgos eran los mismos pero aumentados, me hicieron perder un poco la “paz” llevándome a tener un ataque de pánico la mañana antes de la segunda transfusión.
Me tranquilicé cuando pedí que me dejaran sola y puse música relajante, que me ayudó a dormir un rato. A las 7 pm del mismo día estaba saliendo de quirófano con otras dos transfusiones exitosas.
Al día siguiente pude irme a casa, con la condición de cumplir un reposo absoluto y chequeos semanales para verificar el mejoramiento de los bebés.
Cuatro semanas después volvimos a pasar por el susto de una posible anemia otra vez, pero terminó siendo una falsa alarma. La ventaja esta vez es que al tener 24 semanas, si se me presentaba el parto, la viabilidad de los bebés era muchísimo más alta.
Ante todos los malos pensamientos, logramos 10 semanas más de embarazo y tener, hoy en día, dos bebés de un año completamente sanos.
Se que en la maternidad, aún me falta mucho por recorrer. Pero el tenerlos conmigo, disfutarlos, verlos jugar con sus hermanos (y a veces pelear), me llenan el corazón de puro amor.
A veces vuelvo a ese momento y recuerdo lo difícil que fue todo. Hoy entiendo que cada paso, incluso los más duros, forman parte de mi historia.
Y aunque en medio de la dificultad cueste verlo, los finales bonitos sí existen.
A todas las mamás que hoy pueden estar pasando por algo difícil, quiero que sepas que no estás sola. A veces el camino se siente incierto… pero eso no significa que no pueda llevarte a algo hermoso.


Comments
2 respuestas
Te amo hija de mi alma!
y yo a ti <3